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| "El pueblo quiere derrocar al régimen" París, Diciembre 2018 |
por Alain Badiou
Febrero 2011
El viento del Este Prevalece Sobre el viento del Oeste
¿Hasta cuándo el Occidente ocioso y crepuscular, la “comunidad internacional” de aquellos que todavía creen ser los líderes del mundo, continuará dando lecciones de buena gestión y buena conducta al resto de la tierra? ¿No es risible ver a algunos intelectuales bien pagados y bien alimentados, soldados en retirada del capital-parlamentarismo, que nos sirve como un Paraíso apolillado, ofreciendo sus servicios a los maravillosos pueblos de Túnez y Egipto, a fin de enseñarles a estos salvajes el ABC de la “democracia”? ¡Qué deplorable persistencia de la arrogancia colonial!
En la situación de miseria política en la que hemos vivido durante las últimas tres décadas ¿no es evidente que somos nosotros los que tenemos todo que aprender de los levantamientos populares del momento? ¿No necesitamos acaso estudiar urgentemente muy de cerca todo lo que allí hizo posible el derrocamiento, por medio de la acción colectiva, de gobiernos oligárquicos y corruptos y, sobre todo, en situación de servidumbre humillante en comparación con los Estados occidentales?
En la situación de miseria política en la que hemos vivido durante las últimas tres décadas ¿no es evidente que somos nosotros los que tenemos todo que aprender de los levantamientos populares del momento? ¿No necesitamos acaso estudiar urgentemente muy de cerca todo lo que allí hizo posible el derrocamiento, por medio de la acción colectiva, de gobiernos oligárquicos y corruptos y, sobre todo, en situación de servidumbre humillante en comparación con los Estados occidentales?
Sí, debemos ser los aprendices de estos movimientos, y no sus estúpidos profesores. Porque dan vida, con el genio de sus propias invenciones, a principios políticos que algunos, durante largo tiempo, han intentado convencernos de su estado obsoleto. Y, en particular, el principio que Marat no dejó de recordar: Cuando se trata de libertad, igualdad, emancipación, se lo debemos todo a los levantamientos populares.
Tenemos Razón en Rebelarnos
Al igual que en la política, nuestros Estados y los que se benefician de ellos (partidos, sindicatos e intelectuales serviles) prefieren la gestión antes que la rebelión, prefieren las reivindicaciones y la “transición ordenada” a cualquier ruptura.
Lo que nos recuerdan los pueblos de Egipto y Túnez es que la única acción que equivale al sentimiento compartido de la escandalosa ocupación del poder estatal es el levantamiento masivo. Y, en ese caso, la única consigna que puede unir a los grupos dispares de la multitud es: “¡Tú que estás ahí, ándate!”.
La importancia excepcional de la revuelta, en este caso, su poder crítico, es que la consigna, repetida por millones de personas, da una idea de lo que será indudable e irreversiblemente la primera victoria: la huida del hombre así designado. Y pase lo que pase después, este triunfo de la acción popular, ilegal por naturaleza, habrá sido por siempre victorioso.
Ahora, que una revuelta contra el poder del Estado pueda ser absolutamente victoriosa es una enseñanza de alcance universal. Esta victoria indica el horizonte en el que se demarca cualquier acción colectiva que se sustraiga a sí misma de la autoridad de la ley: lo que Marx llamó “la extinción del Estado”.
Una Chispa Puede Incendiar una Llanura
Todo comienza con el suicidio a través de la autoinmolación por fuego de un hombre reducido al desempleo, a quien queremos prohibir el comercio miserable que le permite sobrevivir, y a quien una mujer policía da una bofetada para hacerle entender lo que es real en este mundo.
Este gesto se propaga en unos pocos días, unas pocas semanas, hasta que millones de personas lloran de alegría en una plaza lejana, y aquello supone el comienzo de una catástrofe para los poderosos. ¿De dónde viene esta fabulosa difusión? ¿la propagación de una epidemia de libertad? No.
Como lo expresa poéticamente Jean-Marie Gleize: “Un movimiento revolucionario no se propaga por contaminación, sino por resonancia, algo que emerge aquí resuena con la onda de choque emitida por algo que sucedió más allá.” Llamemos a esta resonancia “evento”. El evento es la creación repentina, no de una nueva realidad, sino de una multitud de nuevas posibilidades.
Este gesto se propaga en unos pocos días, unas pocas semanas, hasta que millones de personas lloran de alegría en una plaza lejana, y aquello supone el comienzo de una catástrofe para los poderosos. ¿De dónde viene esta fabulosa difusión? ¿la propagación de una epidemia de libertad? No.
Como lo expresa poéticamente Jean-Marie Gleize: “Un movimiento revolucionario no se propaga por contaminación, sino por resonancia, algo que emerge aquí resuena con la onda de choque emitida por algo que sucedió más allá.” Llamemos a esta resonancia “evento”. El evento es la creación repentina, no de una nueva realidad, sino de una multitud de nuevas posibilidades.
Ninguna de ellas es una repetición de lo ya conocido. Por eso es oscurantista decir "este movimiento reclama democracia" (implícitamente, la que disfrutamos en Occidente), o decir que “este movimiento exige una mejora social” (implícitamente, la prosperidad promedio de la pequeña burguesía de nuestros países).
Partiendo de casi nada, resonando en todas partes, el levantamiento popular crea posibilidades desconocidas para todo el mundo. La palabra “democracia” prácticamente no se pronuncia en Egipto. Se habla de un “nuevo Egipto”, de “el verdadero pueblo egipcio”, de una asamblea constituyente, de un cambio absoluto de existencia, de posibilidades sin precedentes y hasta ahora desconocidas.
Esta es la nueva llanura que aparecerá allí donde la anterior, incendiada por la chispa del levantamiento, ya no existe. Esta nueva llanura por venir se encuentra entre el proclamar una inversión de la correlación de fuerzas y asumir las nuevas tareas. Entre lo que dijo un joven tunecino: “Nosotros, hijos de obreros y campesinos, somos más fuertes que los criminales”; y lo que dijo un joven egipcio: “A partir de hoy, 25 de enero, asumo los asuntos de mi país”.
Partiendo de casi nada, resonando en todas partes, el levantamiento popular crea posibilidades desconocidas para todo el mundo. La palabra “democracia” prácticamente no se pronuncia en Egipto. Se habla de un “nuevo Egipto”, de “el verdadero pueblo egipcio”, de una asamblea constituyente, de un cambio absoluto de existencia, de posibilidades sin precedentes y hasta ahora desconocidas.
Esta es la nueva llanura que aparecerá allí donde la anterior, incendiada por la chispa del levantamiento, ya no existe. Esta nueva llanura por venir se encuentra entre el proclamar una inversión de la correlación de fuerzas y asumir las nuevas tareas. Entre lo que dijo un joven tunecino: “Nosotros, hijos de obreros y campesinos, somos más fuertes que los criminales”; y lo que dijo un joven egipcio: “A partir de hoy, 25 de enero, asumo los asuntos de mi país”.
El Pueblo, y solo el Pueblo, es el Creador de la Historia Universal
Es muy sorprendente que en nuestro occidente, los gobiernos y los medios de comunicación consideren que los rebeldes en una plaza de El Cairo son “el pueblo egipcio”. ¿Cómo puede ser? ¿No es el pueblo para estas personas, el único pueblo razonable y legal, el que normalmente se reduce a la mayoría en una encuesta o una elección? ¿Cómo es que, de repente, cientos de miles de rebeldes son representativos de una población de ochenta millones de personas? Es una lección para recordar, y que no olvidaremos.
Pasado un cierto umbral de determinación, de testarudez y de coraje, el pueblo puede, de hecho, concentrar su existencia en una plaza, una avenida, algunas fábricas, una universidad... El mundo entero será testigo de ese coraje, y especialmente de las sorprendentes creaciones que lo acompañan. Estas creaciones se presentarán como la prueba de que un pueblo está allí representado. Como dijo un manifestante egipcio: “antes, solía ver la televisión, ahora es la televisión quien me está mirando.”
Resolver Problemas sin ayuda del Estado
En medio de un evento, el pueblo está compuesto por quienes saben cómo resolver los problemas que el evento les plantea. Así, en la ocupación de una plaza: comida, arreglos para dormir, protección, pancartas, oraciones, acciones defensivas, de todo para que el lugar en donde todo sucede, el lugar que es un símbolo sea mantenido a salvo, protegido, defendido para el pueblo, cueste lo que cueste. Problemas que, a nivel de cientos de miles de personas de todas partes, parecían insolubles, y aún más importante, en este lugar, el estado ha desaparecido.
Resolver problemas insolubles sin la asistencia del Estado es el destino de un evento. Y eso es lo que hace que un pueblo, de repente, y por un tiempo indefinido, exista donde ha decidido reunirse.
Resolver problemas insolubles sin la asistencia del Estado es el destino de un evento. Y eso es lo que hace que un pueblo, de repente, y por un tiempo indefinido, exista donde ha decidido reunirse.
Sin Movimiento Comunista, no hay Comunismo
El levantamiento popular del que hablamos está evidentemente exento de partido, no tiene organización hegemónica ni líder reconocido. Ya habrá tiempo de evaluar si esta característica es una fortaleza o una debilidad. Esto es, en todo caso, lo que hace que tenga, de una forma muy pura, sin duda la más pura desde la Comuna de París, todas las características de lo que debe llamarse un comunismo en movimiento. “Comunismo” aquí significa: creación común de un destino colectivo.
Este “común” tiene dos características particulares. Primero, es genérico, representando, en un solo lugar, a toda la humanidad. En este lugar, hay todo tipo de personas de las que se compone un pueblo, se escucha cada palabra, se examina cada proposición, se trata cada dificultad por lo que es. Luego, supera todas las grandes contradicciones de las que el estado pretende ser el único capaz de gestionar sin jamás superarlas: entre trabajadores intelectuales y manuales, entre hombres y mujeres, entre ricos y pobres, entre musulmanes y coptos, entre gente de las provincias y gente de la capital...
Miles de nuevas posibilidades, en relación con estas contradicciones, surgen en cada momento, para las cuales el estado - todo Estado - permanece completamente ciego. Vemos a jóvenes doctoras, que vienen de las provincias para tratar a los heridos, dormir en medio de un círculo de jóvenes rudos, y están más tranquilas que nunca, sabiendo que nadie se atreverá a tocarles un pelo.
También podemos ver a una organización de ingenieros que se dirige a los jóvenes suburbanos y les piden que ocupen el lugar, para proteger el movimiento con su energía combativa. Vemos una fila de cristianos haciendo guardia, protegiendo a los musulmanes inclinados haciendo sus oraciones. Vemos comerciantes alimentando a los desempleados y a los pobres. Vemos a todos hablando con sus vecinos desconocidos. Uno lee mil carteles donde la vida de cada uno se mezcla sin interrupción con la gran Historia de todos.
Todas estas situaciones, estos inventos, constituyen el comunismo en movimiento. Durante dos siglos el único problema político ha sido este: ¿Cómo establecer de manera duradera los inventos del comunismo en movimiento? Y la única declaración reaccionaria sigue siendo: “Esto es imposible, incluso perjudicial. Confiemos en el Estado”. Gloria a los pueblos tunecino y egipcio que nos recuerdan el verdadero y único deber político: de cara al Estado, la fidelidad organizada al comunismo en movimiento.
También podemos ver a una organización de ingenieros que se dirige a los jóvenes suburbanos y les piden que ocupen el lugar, para proteger el movimiento con su energía combativa. Vemos una fila de cristianos haciendo guardia, protegiendo a los musulmanes inclinados haciendo sus oraciones. Vemos comerciantes alimentando a los desempleados y a los pobres. Vemos a todos hablando con sus vecinos desconocidos. Uno lee mil carteles donde la vida de cada uno se mezcla sin interrupción con la gran Historia de todos.
Todas estas situaciones, estos inventos, constituyen el comunismo en movimiento. Durante dos siglos el único problema político ha sido este: ¿Cómo establecer de manera duradera los inventos del comunismo en movimiento? Y la única declaración reaccionaria sigue siendo: “Esto es imposible, incluso perjudicial. Confiemos en el Estado”. Gloria a los pueblos tunecino y egipcio que nos recuerdan el verdadero y único deber político: de cara al Estado, la fidelidad organizada al comunismo en movimiento.
No Queremos la Guerra, pero no le Tenemos Miedo
En todas partes se ha mencionado la calma pacífica de las gigantescas manifestaciones, y esta calma ha sido asociada a la idea de democracia electiva que se le atribuye al movimiento. Notemos, sin embargo, que ha habido cientos de muertes, y que todavía hay más cada día. En muchos casos, estas muertes fueron de combatientes y mártires de la iniciativa, y luego resultantes de la protección del propio movimiento. Los lugares políticos y simbólicos del levantamiento debían ser defendidos por medio de una feroz lucha contra los militares y las fuerzas policiales de los regímenes amenazados.
¿Y quién pagó con sus vidas si no los jóvenes de las poblaciones más pobres? Las “clases medias”, de las cuales nuestra inspirada Michèle Alliot-Marie dijo que de ellas y solo de ellas dependía el resultado democrático del movimiento, siempre deben recordar que en el momento crucial, la continuidad del levantamiento solo ha sido garantizada por el apoyo irrestricto de los sectores populares.
La violencia defensiva es inevitable. Todavía continúa, en Túnez, después de que los jóvenes activistas de provincias fueron devueltos a su miseria.
¿Podemos pensar seriamente que estas innumerables iniciativas y crueles sacrificios tienen como objetivo fundamental solo alentar a las personas a "elegir" entre Suleiman y El Baradei, tal y como nosotros en Francia nos resignamos lastimosamente a elegir entre Sarkozy y Strauss-Kahn? ¿Esa sería la única lección de este espléndido episodio?
¡No, mil veces no! Los pueblos de Túnez y Egipto nos dicen: Alcémonos, construyamos el espacio público del comunismo en movimiento, defendiéndolo por todos los medios e inventando las etapas sucesivas de la acción, tal es la realidad de la política popular de emancipación.
Ciertamente, no sólo los estados de los países árabes son antipopulares y, fundamentalmente, con elecciones o no, ilegítimos. Cualquiera sea su futuro, los levantamientos de Túnez y Egipto tienen un significado universal. Prescriben nuevas posibilidades cuyo valor es internacional.
Ciertamente, no sólo los estados de los países árabes son antipopulares y, fundamentalmente, con elecciones o no, ilegítimos. Cualquiera sea su futuro, los levantamientos de Túnez y Egipto tienen un significado universal. Prescriben nuevas posibilidades cuyo valor es internacional.
Artículo original "Les soulèvements des peuples arabes sont un modèle d'émancipation" Le Monde
https://www.lemonde.fr/idees/article/2011/02/18/tunisie-egypte-quand-un-vent-d-est-balaie-l-arrogance-de-l-occident_1481712_3232.html?fbclid=IwAR2z09kEuDsGaTNhlUyQn16sP-ULn3KY3ZLrKh7PB4h0Yf2vgZOhZFywJ5s

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